Suegras al ataque…

6 02 2007

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Me comentaba un buen amigo acerca de su desesperación ante la prolongada visita de su suegra. Hacía poco más de un año que ésta había enviudado, y desde entonces se estaba “rotando” entre las casas de sus hijos. La travesía, al parecer, no era muy agradable y todos aguardaban, desde el mismo instante de su llegada, el momento de despedir a la visitante.

De verdad que esto, cuando no nos pasa, suena a película. Los cuentos son “variopintos” y de una mezcla de genialidad con amargura, realmente impresionantes.

El asunto es que, muchas madres (y son muy contadas las excepciones), jamás asumen que sus hijos ya crecieron. Se pasan toda la vida amapuchándolos y pensando que las mujeres con las que conviven nunca calzarán los zapatos que ellas dejaron en el pasado.

De alí que la comida no será buena, aunque el sujeto se case con una Chef Internacional; o siempre estará mal vestido, aunque la esposa sea diseñadora de modas; o los nietos estarán cargados del “mal ejemplo” de una madre que no supo educarlos…

Aqui sólo hay una víctima: el yerno o la nuera, según sea el caso.

La competencia para la nuera es más encarnizada, porque se plantea el match mujer contra mujer y eso trae implícito un manto manipulador de la suegra con respecto al hijo, basado en el historial de amor y cariño que le dispensó siempre.

Una suegra de éstas, no entiende que los tiempos han cambiado y que la nuera debe ir a trabajar, y si no lo hace en una empresa y debe cargar con la responsabilidad de la casa y los muchachos, la manera de manejar ese negocio no es la de antaño: llevarlos al colegio, buscarlos, lidiar con las tareas, las actividades extra curriculares, etc,  enmarcado todo en ciudades de altos niveles de tráfico y estresantes formas de conducirse. Definitivamente, no es lo mismo.

Si el asunto es “contra” el yerno, este normalmente será un vago, irresponsable que no es merecedor de su hijita, en la que “tanto tiempo, amor, dedicación y dinero” invertió…

Los “sabios consejos” estarán muy cerca y en momentos poco convenientes para recibirlos.

¿Qué hacer? ¿Cómo manejar una situación tan delicada?, porque al fin y al cabo, es la mamá de alguien y no es responsabilidad de alguno de los dos, que un ser importante de nuestra vida, pase por momentos difíciles, como la soledad impuesta ante la pérdida de la pareja.

Primero, paciencia. “Cero Rollo” en el planteamiento inicial. Hay que tratar de compaginar los intereses de cada cual, poniendo, eso si, límites y demarcando territorios.

Si no hay disciplina y coherencia argumental en la convivencia, la visitante tendrá siempre un recodo por donde colarse y simplemente “opinar”.

Debe ésta entender, asumir y convivir con el hecho de que esa no es su casa y que en ese hogar hay costumbres y métodos atinentes sólo a ellos. Si estos puntos han funcionado, no tienen por que cambiarse.

Amigo, póngase serio y no permita que su suegra pague ninguna cuenta, por más pequeña que esta sea. Eso le da el dedo y seguramente, ellas tomarán el brazo…

Amiga, no la deje cocinar porque ella le lleva alguna ventaja con respecto a los gustos de su hijo. No olvide que “nadie cocina como mi mamá…”

Por supuesto que existen las suegras conscientes y de contemporánea manera de pensar. Estas son un raro especímen que reviste un poco menos de de peligrosidad, en razón a su investidura de “independiente” y sibarita de la modernidad. De todas formas, no se confíen mucho.

Es claro que la vida nos depara caminos insospechados que, de saberlos con antelación, nos haría transitar por la más aburrida de las sendas. Todo lo nuevo, implica riesgo (mayor o menor, según la novedad per se) y debemos estar, eso si, preparados para la batalla.

La variedad de suegras es infinita: bebedoras, tristes, alegres en exceso, pesimistas, optimistas, profesionales, sumisas, rebeldes, cocineras, inútiles, manipuladoras, avispadas, “mosquita muerta”, sexy, operada, “come hombres”, filósofas, letradas, viajeras, independientes… y pare usted de contar.

Lo único en común para todas ellas es que son madres, alcahuetes y estrepitosamente entrépitas.

¿Cómo es la suya?. La mía aún vive… y el suegro (que la controla), también.

Dios le de larga vida… a mi suegro,  para no tener que leer cosas como esta.

 

 

 

 


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