Un cochino y un enchufe…

8 02 2007

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Día tras día, escuchamos frases, refranes o sencillamente ingeniosas peopuestas lingüisticas coloquiales de parte de los “artistas” venezolanos de la calle. Esos artistas, somos todos.

Durante todo un gobierno (de los que duraban 5 años), compartimos con un mandatario pintoresco y atinado… en materia de refranes. Luis Herrera Campins, salía al paso con chispa, inteligencia… y refranes. Quizás era la manera más directa de aclarar un punto determinado, sin tener que acudir a eufemismos y retóricas que hallaran eco en las malas interpretaciones.

Aún asi, y a pesar de que muchos de esos inteligentes y oportunos “dichos” ya tienen muchos años, de vez en cuando nos sorprenden con alguno que jamás habíamos oido.

Hace poco, en medio de una acalorada discusión en una ferretería, un cliente reclamaba que lo que le habían vendido no encajaba con lo que necesitaba. Requería, por tanto, el reembolso de su dinero (cosa que resulta bastante difícil en Venezuela, que se da el lujo en muchos establecimientos de colocar carteles que rezan “No se aceptan devolucioones”). Tal aviso no lo vi por ninguna parte en el negocio de marras. La diatriba tomaba temperatura y el cliente golpeó el mostrador al momento que decía: “A mi me devuelven mis reales. No te confundas conmigo porque yo no soy ningún pendejo. ¿Tu crees que trompa de cochino es enchufe porque le ves los huequitos…?”. El dependiente, si bien no hizo (al menos mientras yo estuve allí) ademán alguno de devolver la plata, si esbozó una sonrisa “de oreja a oreja” ante la forma en la cual le plantearon el reclamo. Claramente, no conocía el refrán relacionado con marranos y tomas eléctricas.

En otra oportunidad, fui testigo de otro requerimiento. La locación era una empresa telefónica.

El señor hablaba de su problema y la joven que lo atendía parecía estar en otra parte. No daban con la solución, y el cliente se explayó nuevamente en  explicaciones. La muchacha siguió absorta, como si no fuese con ella. El señor se volteó y dijo a todos los presentes: “Esta chama para menos bola que un mesonero en restaurant chino…”.

Quines escuchamos miramos al techo, pero solo para imaginarnos la escena en el asiático establecimiento. ¿Saben qué?, tiene razón el señor. ¿Cuántas veces le dice usted al chino “Ya está bien” y el mesero continúa sirviéndole arroz por montones hacendo caso omiso a su deseo. ¿Será porque no entiende? o sencillamente tiene la orden de “acabar” con la existencia de la bandeja a ver si piden otra…

¿Y si es usted “víctima” de un vendedor de cualquier cosa intrascendente e momentos en los que se encuentra realmente apurado?. Seguramente ese sujeto estará “Mas fastidioso que abrir una puerta con llavero ajeno…”. Realmente, sobre todo cuando hay urgencias fisiológicas, ubíquese en el plano de intentar abrir puertas con un manojo de llaves que no le pertenece. He oido de muchos que no aguantan la presión de lo que viene en esa materia.

Lo bueno de todo esto, es que la personalidad del venezolano sigue siendo fascinante. A pesar de las adversidades, siempre halla el momento adecuado para hacer bromas y las utiliza como via de escape ante situaciones que le incomodan.

Por eso es que, en repetidas ocasiones, en el extranjero cometemos errores de apreciación con respecto al humor de los locales del país que visitamos. Este no es necesariamente inexistente, sino llanamente distinto.

Mi hermano, siempre presto a la “mamadera de gallo”, le dijo a un mesonero en Barcelona, España: “Cariño, necesito una Coca Cola, pero sin limón, porque no quiero limonada…”.

Aqui, pasaría inadvertido el comentario. El señor, le replicó “Cariño nada, cariño nada. Vamos respetando”. Mi hermano volteó y me comentó en voz muy bajita: “Este viejo si anda amargado. Está mas serio que un revólver…”

Estas cosas, las extrañamos cada vez que salimos de casa. Estas cosas son parte del venezolano que todos amamos y que ninguno quiere dejar de ser.

Piropero como él solo, el criollo resalta las bondades físicas de una mujer bonita, mas nunca deja pasar por alto si alguna es desagradable a sus ojos en cuanto a hermosura, ésta siempre será “Más fea que un carro por debajo…”

 


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