¿Por qué maltratan al venezolano en los aeropuertos?

11 02 2007

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Todos los días se escuchan versiones y cuentos nuevos en relación a situaciones incómodas experimentadas por compatriotas en los aeropuertos internacionales de otros países. ¿Será que los venezolanos somos una especie rara que debe ser revisada varias veces antes de permitir la entrada a  cualquier nación del orbe?

Claramente, todo parece ser cuestión de suerte. Se especula (y hasta lo han corroborado algunos conocedores), que diariamente se asigna un número de visitantes cuyas caracteríaticas deben ser chequeadas a objeto de determinar si su ingreso al país al cual viaja es correcto.

De allí que, aleatoriamente, cada vez que pasen, por ejemplo, 200, el siguiente es interrogado con mayor profundidad. Si eso es verdad o no, nunca se sabrá, pero pareciera tener asidero si nos basamos en algunas constantes.

¿Será la pinta?. No creemos, porque bastantes señores muy bien trajeados han sido detenidos en numerosos aeropuertos mientras que jóvenes desaliñados y mal vestidos hacen una entrada triunfal sin inconvenientes. Por ello, eso del saco, corbata y cara de sabio, no parece resultar 100% efectivo.

El problema no es que paren a la gente y le pregunten que carrizo va a hacer en el país, sino que ubiquen a quienes tiene la mala suerte de ser cuestionados, en una escala que colinda con la de un “criminal” o un peligroso personaje, de esos “más buscados”.

Conscientes estamos de la autonomía de sus naciones y del derecho que tienen de filtrar ingresos no deseados a través del método aleatorio descrito anteriormente. Asumimos que les ha dado resultado y que de vez en cuando pescan a quenes llevan distintas intenciones de permanencia en un destino determinado.

Sin embargo, es cada día más común la severidad con la que son tratados los “bolivarianos” alrededor del mundo.

Es útil, por tanto, aclarar que:

  • Los venezolanos, al salir del país (casi el 100% de ellos), llevan dinero en el bolsillo porque nadie abandona su patria ni un solo día con la angustia de estar “limpios” en otras latitudes. Es una característica criolla. No estamos acostumbrados a comer mal, ni a vestir mal, ni a oler mal ni a pelar bola sin necesidad. Entonces, no malinterpreten la idiosincracia de los nacidos en tierra de Bolívar. El que sale de vacaciones, lleva lo necesario para sus gastos. No tenemos la culpa de que los oficiales de inmigración vean con malos ojos a los viajeros. Para ese viaje trabajaron bastante y sencilamente se lo merecen.

A cada rato se incomoda al nacional venezolano con preguntas capciosas, como si todos quisieran salir corriendo de los límites geográficos y refugiarse en otras culturas “superiores”.

Nada más errado en apreciación conceptual. No todos queremos emigrar. No todos queremos huir de nuestro suelo y no todos, por el simple hecho de haber nacido en esta hermosa tierra, merecemos ser escrutados y vistos como “invasores”.

Bastante receptivos hemos sido aqui a lo largo de la historia con quienes han necesitado de nuestras bondades. En extremo complacientes resultamos cada vez que han precisado de un hogar, un trabajo y el respeto a su condición de seres humanos con problemas por resolver.

Si, se han marchado muchos que están en desacuerdo con las políticas actuales y obviamente un gran número de ellos lo ha hecho sin cumplir con los pasos necesarios para legalizar su situación en cuanto a los documentos. Aún así toman el riesgo y logran estabilizarse posteriormente, porque los de aqui somos asi. Trabajamos duro y no nos gusta la angustia que puede devolvernos en cualquier momento por la puerta trasera.

Si, bastantes se ha marchado, pero de esos, un gran porcentaje se ha devuelto, porque las cosas no son como en las películas. No todo es playa, bikinis, fiestas de fraternidad y bebedera de aguardiente con los compañeros de clases.

Las cosas son radicalmente opuestas en otras tierras. Hay que echarle un “cerro de bolas” para conseguir trabajo y recibir una paga decente. La vigilancia es extrema y están más controlados de lo que se pueda imaginar (y muchos se quejan en Venezuela cuando les piden la dirección de la casa o el número de teléfono para una factura), ¿o es que no se han percatado de que la dirección de la casa está impresa en las licencias de conducir?…

Te meten en un cuarto, te revisan como si automáticamente estuvieses cargado de “veneno” y el rato que se pasa es amargo, pero parece que al ingresar se les olvida todo.

Quien trabaja, tiene derecho a adquirir comodidades y tiene el derecho de enriquecerse culturalmente a través de los viajes (una de las cosas más sabrosas de la vida es viajar, sin duda…), entonces por qué despertamos sospechas cuando tomamos nuestras maletas y decidimos darnos un gustico fuera de nuestras fronteras.

Y todo empeora si decides defender tu dignidad ante los gritos u órdenes casi militares que te pretenden imponer.

Conozco casos cercanos en el que han sido maltratados y ante la protesta, han optado por darle ribetes de “problemático” o “riesgo para el país”. Entonces ¿que hacemos?. Nos calamos los insultos y la falta de respeto injustificada o exigimos un trato acorde con nuestra condición de seres humanos que lo único que queremos es descubrir otras formas de vida y costumbres.

El consejo, siempre será el de que mantengan el enfoque y no se pongan violentos. Nada ganarán con eso. Mas, si las cosas se les ponen duras, la dignidad es lo que se llevará uno a la tumba y pienso que debemos defenderla hasta donde nos sea posible.

Soy profundamente venezolano y respeto a quienes deciden abandonar la patria. Sus razones tendrán. Pero disiento de aquellos que piensan que quienes nos quedamos somos un “bando de pendejos” sin espíritu ni capacidad para tomar riesgos.

No señor, muchos amamos nuestro país y sencillamente no queremos irnos.

Sabemos que las cosas no marchan como quisiéramos, pero en otras partes, la situación en muchos aspectos es parecida a la nuestra.

Ya veremos como evolucionan los  asuntos en álgidas materias de interés nacional y como se puede lograr un viraje radical a ciertas políticas, pero para ello, hay que trabajar desde aqui.

Es muy difícil acomodar un país desde lejos.  A control remoto no se pueden hacer las cosas. ¿o sí?…

 

 


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