Pasado vs Presente: nunca han existido pendejos

12 02 2007

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Hay que ver que el hecho político venezolano se torna cada vez más peculiar y aunque no estamos en estas páginas para parcializarnos por uno u otro concepto o hacer análisis con profundidades de sectarismo partidista, hay que reconocer que el escenario es otro. Diametralmente opuesto al que teníamos al nacer (en mi caso hace 40 años)…

¿Mejor ahora? ¿Mejor antes? ¿Más de lo mismo?

Seguramente la pluralidad de preferencias en régimen de libertades, ubique a cada quien dentro de algunas de las interrogantes anteriores.

Algo indiscutible, eso sí, radica en el hecho de que la oposición nacional jamás había sido tan gris y con tan pocos ofrecimientos de liderazgo, capaces de plantarse ante la figura presidencialista de Hugo Chávez y decirle: “aquí estoy yo, preparado, sin vicios y con empuje y trayectoria como para complicarte las cosas…”.

El discurso se ha aflojado en el trasfondo verdaderamente político para pendular entre ataques descalificadores de un programa de gobierno que, como todos, ha tenido aciertos y, claramente, muchos desaciertos.

Parecieran estar imbuídos en un mar de “dimes y diretes”, esperando una aparición mesiánica que los devuelva a sus curules de antaño, porque, aunque no se crea, aún deambulan en el escenario público, fantasmas del pasado que sienten estar en medio de un desagradable sueño y rezan porque su pesadilla termine con un pellizco.

No, mis panas adecos y copeyanos. No, mis divididos “primerojusticieros”. Las cosas no son como antes. El sistema cambió, nos guste o no. Quienes mandan no son los de siempre, son otros, quizás con menos roce o menor gusto para la vestimenta, pero son quienes ostentan el poder y hay que vivir con eso.

La solución  no estriba en destruir el presente y mitificar el pasado. Éste conserva intacta su carga de restricciones y sectarismos que nada tendrían que envidiarle a los tiempos que corren en el siglo XXI.

¿O es que no recuerdan ustedes las placas “oficiales” de cualquier funcionario a las que había que dedicarles un buen rato para descifrar su rimbombante contenido? ¿O es que no recuerdan que, antes de la decisión desafortunada de “no renovar” la concesión del espacio radio eléctrico a RCTV, éste fue cerrado por un gobierno anterior porque planteó una cruda realidad de nuestra sociedad de entonces? ¿O no recuerdan que, contrariamente a lo que se hace hoy día, los programas cómicos jamás parodiaban y se mofaban del Presidente de turno? ¿O se  les olvidó el despido a una conocida periodista por sólo mencionar a la célebre “barragana” de Miraflores? ¿Alguien guarda en su memoria la prohibición de que los hombres actores se disfrazaran de mujeres, ante la arrolladora notoriedad del personaje de Joselo, “Madame Cosmetic”? o sencillamente ya olvidamos la gran cantidad de motorizados y guardaespaldas que precedían a la llegada de cualquier funcionario gubernamental de cierta significación?.

Nuestra memoria es frágil. Fue la misma que reeligió a Carlos Andrés Pérez, a pesar del nefasto efecto de su primera gestión.

Las cosas, hoy por hoy, no revisten mayores transformaciones en su estructura.

Sigue vivo el sectarismo y el “quien no está conmigo, está contra mi…”. Sigue campante el amiguismo y la corrupción ha alcanzado niveles inconmensurables, porque la realidad económica ha permitido la emisión de billetes de 50 mil, cuando los de antes llegaban sólo hasta 500. Ni eso exime a los de hoy de sus responsabilidades, ni de que el hijo pródigo de RECADI (el popular CADIVI), haga estragos en la voluntad del venezolano para comprar lo que le venga en gana.

A nadie le agrada estar tan controlado, pero eso siempre ha estado latente.

¿Qué hacer? ¿Irse y dejar atrás todo lo que nos pertenece? ¿Descansar nuestros compromisos con la patria en los hombros de la incompetencia contemporánea?…

No y mil veces no. Hoy, más que nunca, hay que trabajar para nuestros hijos, aunque se nos presenten trabas que vemos como insalvables.

Hoy, más que nunca, debemos permanecer unidos y despojarnos de nuestro habitual egoísmo y aceptar que todos somos venezolanos. Que todos tenemos derecho a mejorar y que sencillamente no podemos manejar nuestras tesis y posiciones en relación a la política, desde la perspectiva de nuestra asociación de vecinos.

Hay que salir y comprobar que la mayoría no es como la creamos en nuestras cabezas y que existe un mundo, bizarro tal vez, en el que si decidieron activamente creer en los gobernantes de hoy.

¿Vendrá el talentoso salvador que podrá oponerse en igualdad de condiciones de carisma y “fenomenalidad mediática” a Hugo Chávez?. Quien sabe, pero mientras eso pasa, ni debemos bajar la guardia, ni debemos bajar la cabeza, ni debemos seguir pensando que todos son unos pendejos. Esos, ya tienen, hechos los pendejos, ocho años en el poder…

 

 


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