¡Se acabó el carnaval!. De vuelta a la normalidad… los que regresaron

20 02 2007

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No ha terminado el carnaval, y ya la gente anda pensando en los días libres de la Semana Santa. Asi de simple: se trabaja mucho y se merece descanso, dirían los más comprometidos con el status de vacacionista eterno de nuestra Venezuela.

Y no es que estemos en contra de las vacaciones ni mucho menos, pero tanto asueto preocupa, sobre todo en una sociedad que precisa cada vez más de la atención al trabajo y la supervisión a las cosas que hay que atender en una empresa, de cualquier ramo.

No obstante, hay que respetar la decisiones de cada quien. Si se decide salir, que bueno que puedan hacerlo. Lo malo es que, muchos viajan y por culpa de otros, no regresan vivos a sus hogares o el retorno jamás llega a compararse con la alegría de la salida.

Es un fenómeno mundial el hecho de que “deba” existir en tiempos feriados un alto porcentaje de accidentes de tránsito que apaguen la vida de un buen número de personas. A veces ni vale la pena “no beber”, porque otros se encargan de trabajar etílicamente por nosotros e igualmente propician las colisiones, muchas de ellas fatales.

Ahora bien, ¿es tan sabroso salir cuando todo el mundo lo hace?…

Personalmente, pienso que al hacer una lista de las situaciones por las que hay que pasar, una significativa cantidad de humanos pensantes, deberían consustanciarse con la realidad de que, en ciertas épocas, las vacaciones resultan “trabajosas”… ¿No lo creen así?…

  • Primero, cuadrar la disponibilidad de todos los miembros de la familia. Cada vez resulta más difícil complementar los horarios de todos, por lo que no es raro que uno o dos miembros del clan, no puedan hacer el viaje. Eso, genera stress durante todo el período. Pensar en las ocurrencias del adolescente solo en casa, con la llave de uno de los carros a su disposición y la provisión de licor casi al 100%, le puede quitar el sueño en sus días de descanso.

  • El costo de “todo” se ubica a más del doble de su precio en otras temporadas. Entonces, se “ahorra” para el viaje y al final se diluye ese dinero guardado y se montan las tarjetas de crédito en cifras que, tampoco, nos facilitarán el sueño en el futuro.

  • Una vez decidido el destino, la forma de transporte y las consideraciones económicas de rigor, comienza el “via crucis” de la carretera. Altas concentraciones de tráfico definen el trayecto de ida, aliviado por la presunción del descanso, normalmente en conjunción con la naturaleza.

  • Una vez en el sitio, cansado de solo manejar para llegar, habrá que lidiar con el hotel y su ingreso. Si se cuenta con la suerte de un  operador serio, si habrá habitación para usted y su grupo. Nos quedamos con esta opción y la de muchos que igualmente consiguieron el hospedaje. Como todos disponen del mismo número de días libres, todos llegan casi a la misma hora, todos quieren dejar las maletas e ir a la piscina y todos se ponen de mal humor al tener que esperar pacientemente que les sea asignado el cuarto.

  • Ya dejaron todo y ¡a disfrutar de lo lindo!. En la piscina, un gentío nos obliga a tomar sol sobre nuestras propias toallas, porque alguien siempre llega primero y decide tomar cuantas sillas amerite para estar cómodo. ¿Los demás?, eso no es su problema.

  • Los niños, nadando en orine  y perdidos entre la multitud nos hacen que estemos pendientes todo el tiempo de ellos, por lo que la revista, libro o periódico que llevamos para deleitarnos bajo el sol, deba devolverse a casa sin ser visto.

  • Llego la hora de comer: si es con el menú común, la fila para acceder a un plato es parecida a la que agarró con el carro. Si es por la vía de los jóvenes que atienden en los alrededores de la piscina, disponga de mucho tiempo para recibir el encargo y cerciórese de repetirle la orden tantas veces como les sea posible. Muy probablemente se les olvide el mandado.

  • La cuenta, y esto puede apostarlo, siempre estará alterada con algo que no ordenó. Otra molestia que le quitará tiempo y paciencia.

  • Menos mal que se van a dormir. Cuando todo está dispuesto para el reposo, aparecen los muchachitos bulleros que, con altos niveles de música y grandes dosis de irreverencia, hacen caso omiso a las advertencias de calma impresas en todos los carteles posibles a lo largo del hotel.

  • Lo alarmante es que apenas ha pasado un día y le restan tres, en igualdad de condiciones…

Mientras eso pasa, la ciudad está tranquila, no hay tráfico, ya muchos establecimientos permanecen abiertos y lo mejor de todo: no hay bulla ni abusadores que impiden que las vacaciones sean precisamente eso, un descanso para el cuerpo.

Antes de salir, piense un poco. Tómese algunos minutos para visualizar lo que en realidad es el descanso.

No mencionamos el retorno… si es que este se produce. Las estadísticas arrojan altos porcentajes de vidas perdidas gracias a los accidentes.

Analice y no busque formar parte de los números rojos. Seguramente habrá una alternativa. No vaya al sitio en el cual la gente se muere, por propia culpa o por causa de terceras personas.

El descanso, pudiera hallarlo en casa, lejos de los vacacionistas frenéticos. Siempre podrá acudir a su sitio favorito en temporada baja, sin tanta gente y más seguro en la carretera.

Sea vivo, no sea pendejo y descanse de verdad…

 


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