Si te veo estudiando o leyendo, ¡te pego!

23 02 2007

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Esto se lo dijo a su hijo, en son de broma (asumo) un buen amigo, con quien suelo conversar de varios tópicos, entre ellos, el beisbol.

En épocas pasadas, la idea meramente deportiva de jugar pelota era el hilo conductor de quienes tenían el acceso a los equipos profesionales de la disciplina.

Eran menos planteles, por tanto, mayor la calidad requerida para formar parte de él.

Y lo de menor cantidad no aplica sólo para los que ven acción en Venezuela, sino para todos los países en los que se practica este popular pasatiempo.

Son muchos los cuentos que ubicaban a madres furiosas ante la “escapada” de un hijo para jugar beisbol en horas de clases.

Los castigos eran enormes, contrapuestos a los salarios de la época. Antes, si bien siempre existía alguna ventaja del deportista destacado en materia salarial, hasta se prefería desviar la atención al deporte en pro de la obtención de un título universitario. De esa manera, el joven tendría un “vitalicio argumento” para defenderse en la vida.

¿Cuántos talentos se perdieron por “culpa” de los estudios?, quien sabe.

Lo cierto es que, echando una mirada al panorama monetario de estos tiempos, encontramos un descontrol exagerado en cuanto a los contratos que se firman en el exterior y que hacen, de un plumazo, millonarios de por vida a muchachitos de 17 años…

¿Papá, cuánto ganas tu al año?, me preguntó mi hijo hace cuestión de un año. Al responderle, ya a su corta edad, puso en una balanza mis ingresos contra los de Bob Abreu, pelotero venezolano de los Yankees de Nueva York y llegó a una conclusión firme: yo creo que con 12 millones de dólares se compran más cosas que con lo que tu ganas.

Y es insoslayablemente cierto. Hoy, el deporte en todas sus facetas profesionales, genera muchísimo dinero y sus estrellas activas (los que practican el juego y sirven de ejemplo a la juventud) toman mayor control de sus tratos y presentaciones, no sólo en el rubro atlético, sino en escenarios paralelos como el cine, la publicidad y la TV en general.

Por supuesto que es bueno ganar plata. Mientras más, mejor y quien diga lo contrario miente descaradamente. Punto.

Sin embargo, ¿puede un muchacho de 17 años contar con experiencia y madurez suficientes como para no cambiar su manera de ser, cuando tiene en su cuenta bancaria más de 10 millones de dólares?. La respuesta es clara y, en los que disfrutan de ese dinero, hallaremos planteamientos como: “hay tutores y gente preparada que vela por ellos”. Si… como no.

Una de las cosas que se derivan de esto, tiene que ver con la pérdida del espíritu colectivo y su transformación en ególatras que hacen lo que desean, sin medida y con el apoyo y amparo de los ad lateres que ven en ellos una verdadera mina de oro.

Vea usted cualquier juego de ligas pequeñas y notará un padre obsesionado con la buena actuación de su hijo.

Pregúntele a ese padre si está pensando en su hijo o en su propio bienestar.

Converse con él y trate de que entienda el hecho de que para los niños el deporte es diversión y no trabajo.

Seguramente, recibirá altisonancias inmerecidas porque, al fin y al cabo, ese es su hijo y nadie mejor que él para guiar sus pasos.

A veces preocupa, porque lo que la estadística no refleja comúnmente es el alto porcentaje de fracasos dentro de quienes intentan llegar más lejos dentro de cada deporte.

Por cada uno que asciende a las Grandes Ligas, probablemente se cuenten 50 ó más que no lo hagan. Para ellos ¿qué hay?. No mucho, a menos que cuente con padres con recursos y le ayuden a recuperar el tiempo que el “expreso deseo paterno de tener un bigleaguer” le pudiera haber quitado.

Mi hijo, fanático del fútbol y con muy buenas condiciones para jugarlo, le tomó un gusto adicional a los libros y eso me tranquilizó bastante. Mucho hablamos con él y a la postre, él mismo optó por su educación. ¿Las razones?, sólo el las conocerá de verdad, pero al menos está enrutado hacia esa “carta segura” de la profesionalización.

Claro que no ganará tanta plata, pero aún lesionado de una mano, podrá estar en “acción”.

Buena suerte y felicitaciones para quienes logran dar el salto y mucha pupila para los padres que quieren sumar un millonario a su familia a cuesta de lo que sea. Las consecuencias de la frustración, en los jóvenes, son alarmantes e impredecibles…

 

 


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