Retorno Reflexivo

7 04 2007

¿Qué les parece?, llegó un momento en el que me sentí preocupado ante la falta de ganas de escribir. Sin embargo, haciendo caso a lo que pregono en este blog (cero rollo-cero stress), decidí regresar a la computadora (con intención de “postear”) justo cuando me provocó. Es decir: ahora mismo.Y lo destacable de esta posición es que no guarda ninguna relación con algo especial o importante que tenga para comunicar. Simplemente el deseo de recordarles que todavía se respira y se camina por las calles (aunque un tanto asustado por la inseguridad), pero con firmeza y esperanza de que todo saldrá bien muy pronto.

Si me topé en estos días con una señora quejona hasta la saciedad, que casi me obliga a contestarle mal luego de escuchar tanta perorata.

Estamos claros los venezolanos de que el país no es lo que en algún tiempo creímos la “sucursal del cielo”. Obviamente el sistema actual de división de clases está más asentado en el odio hacia el vecino que en el deseo de superar nuestras debilidades con trabajo y denuedo para lograr los objetivos.

A todas luces, se ha espinado el camino hacia la convivencia pacífica de otrora.

Pero, ¿dónde está ese paraíso?…

Las noticias que se recogen en medios internacionales hablan constantemente de tragedias similares a la nuestra, pero en otro idioma.

Muertos, violados (as), mutilados, robados, corruptos, asesinos, niños asesinos, niños asesinos con armas en el colegio, enfermedades, escándalos, etc…

¿Qué no debemos consolarnos con el hecho de que otros también sufren?, eso es verdad.

¿Que debemos hallar la salida a tanto problema dentro de nuestras fronteras?, eso es verdad.

Lo único es que, hablando paja todo el día y siendo eternamente irónicos y pesimistas en nuestras expresiones cotidianas, a ninguna parte iremos.

Emigrando infantilmente creyendo que en Australia o Europa nos va a ir de maravilla porque podemos caminar en la calle de madrugada sin que nos asalten, no sería un argumento valedero para abandonar lo que tenemos y someter a nuestras familias a un sistema de carencias que pudieran no entender.

Aqui hay esperanza, a pesar de la dificultad. Aqui se puede salir adelante, a pesar de los obstáculos. Aqui estamos en familia y ese si es un gran comienzo.

Si se es imprudente, en cualquier parte del mundo, siempre pagaremos el precio.

Hay que hacer un acto de pensamiento interno y determinar si en verdad vale la pena echar por la borda todo nuestro esfuerzo y dejarle a otros el camino abierto para que hagan lo que les plazca o arrellanarnos en nuestras intenciones y con cojones pelear por lo que nos pertenece.

Sin odios, sin rencores y sin asco.

Esto es difícil de entender para quienes ya han sido víctimas de la suerte y consideran todo perdido. Pero todos hemos perdido un poco de algo en estos procesos y nadie dijo que sería fácil.

Recordando a la señora quejona y sus apologías de buen vivir en otras latitudes, me atreví a decirle que si tan sabroso era su país de origen, por qué no regresaba. Se quedó callada y pensó mucho en poco tiempo… y no tuvo respuesta.

Pensó en que aqui la recibimos con los brazos abiertos y le brindamos la oportunidad que se le negó en su patria. Pensó en que allá también sería extranjera y en que su nivel de vida, como no lo fue jamás, igualmente no podría equipararse al que aqui ostenta.

Entonces, ¿para qué maldecir y vociferar?. Asuma su puesto y dispóngase, desde su perspectiva posible, a hacer lo mejor por usted mismo y los demás.

En este mundo no estamos solos y sin saberlo podemos ayudar a la gente.

Todos hemos pecado de egoístas y debemos pagar por ello.

¿Cuánto gastó en su último pantalón o en su último almuerzo en un restaurant?. Con esa plata, varios hubiesen comido un mes.

Por supuesto, no tiene que regalarlo todo. Basta una mínima parte para que se beneficie un desposeído. Y… ¿sabe una cosa?, dormirá seguramente más tranquilo.

Vacúnese contra la indiferencia y la idiotez. No se haga eco de los derrotistas. Ellos justifican su mediocridad con esa actitud y nada más divertido que arrastrar a tantos como sea posible en esa empresa cuya consigna es “aqui no se puede” o “yo tenía todo, pero me lo quitaron” o “cuando venga el cambio arranco”.

Así, se nos puede pasar la vida. Y la injusticia no será sino para nuestros hijos.

Qué va, señora quejona, aqui hay mucho que hacer todavía.

¿Si o no?…

 


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